CARTA 4: 27 de septiembre de 2017
🎼 Until we get there - Lucius
Instituto Alleighway, bajo uno de los árboles que
dan sombra pero realmente no tapan el sol,
27 de septiembre
de 2017
Chloe era una buena amiga, sabes. De esas que mienten por ti,
pero no soporta que les mientas a ellas, lo cual es justo. Nunca he dicho que
su reacción fuera exagerada a mi entrada a Limbo. Ah, por cierto, Limbo es ese
lugar en el que el mundo es gris y frío y no te apetece nada más que hacerte una
bola en la cama y dejar de sentir. Sueles ir de visita cuando acabas de procesar
que ya no vas a volver a estar con la persona a la que quieres. Yo estuve unas
buenas y largas semanas allí de presidenta, pero ya llegaremos a eso, aunque no
me apetezca revivirlo lo más mínimo.
El caso es que estoy dándole al doble play porque es hoy, primer
viernes del curso, cuando quiero abarcar a Chloe en el pasillo y que vuelva a ser
mi mejor amiga. Tengo pensado en directamente cogerla del brazo mientras camina,
como hizo ella en séptimo. Conmigo le funcionó, aunque no me había escondido
sus sentimientos y me había apartado por voluntad propia; solo había hecho una
mala imitación mía delante de los de clase, revelando, sin dudarlo por un
segundo, que me gustaba Josh Baker. En realidad, en esa época solo me gustaba
porque acababan de sacar Los Juegos del
hambre en el cine y era tocayo de Josh Hutcherson -que siempre tendrá un
lugar en mi corazón-. Además, Chloe lo negó todo después, alegando que era una parte
inventada de la actuación, pero aun así. Pfff, me lo estuvieron recordando hasta
el verano, lo cual fue un fastidio, aunque molaba verla machacar a cualquiera
que volviese a sacarlo a colación.
No es que no haya tenido otros amigos. Pero Chloe no era
solo mi amiga. Chloe era como un aparte de mí, porque nos conocíamos tan bien
que acabábamos empezando las mismas frases a la vez, conociendo los
pensamientos de la otra antes de que ninguna dijese nada, y riéndonos de las
mismas tonterías a todas horas. Éramos inaguantables a veces a ojos del resto
del mundo.
Eso era porque nos queríamos muchísimo. Y ambos le debemos
muchísimo, o yo al menos todavía lo considero así, para bien o para mal. La fiesta, la fiesta, la fiesta. Voy a tener que hablar de ella pronto.
El caso es que nos conocemos desde que somos tan pequeñas
que no recuerdo la primera vez que nos vimos, porque para mí no existe una vida
que yo no compartiera con Chloe Marie Stewart. Y todavía la quiero con locura,
pero creo que ya sé porqué la aparté de mí cuando todo se fue al garete. Ni
siquiera me apetece escribirlo, pero allá va: ella tiene la culpa de que tuviésemos
una primera cita. Todo fue en su cumpleaños, ¿recuerdas? He acabado llegando a
la conclusión de que como nunca me he sentido tan mal y nunca he culpado a
nadie por algo tan doloroso, no pude dejárselo pasar ni a mi Clove del alma.
Y lo sé, Li, sé que habríamos acabado quedando en Buns & Roses o en la biblioteca, y que
todo habría salido igual. No estoy defendiendo de ninguna manera que lo que siento
por Clove sea racional, porque ella no podía evitar cumplir años y que su fiesta
molase tanto que a su hermano le diera por invitar a algunos amigos, tú
incluido.
Quizá si no me hubiera resbalado frente a la casa de
Harriet.
Quizá si Chloe no hubiese sido mi amiga.
Todos tenemos la culpa de algo, ¿verdad? Voy a pensar en
la mía antes de que suene la sirena y me dirija a reconquistar a esa parte más
alocada de mí que tiene un apellido diferente.
Se despide, ciertamente culpable
Ruby xxx

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